Si mantienes una suscripción para corregir unas fotografías o juntar documentos, una alternativa no necesita reproducir cada rincón del programa que pagas. Necesita resolver bien ese trabajo. Ahí está el atractivo de Crafting Apps: trece aplicaciones abiertas que se reparten tareas de creación y oficina, desde la edición de imágenes hasta las hojas de cálculo. La ambición resulta fácil de entender cuando llega la renovación.
El proyecto las presenta como programas gratuitos, escritos en Rust y ejecutados en el propio equipo. Hay versiones anunciadas para macOS, Windows y Linux. La familia tiene además una puerta común, ArtCraft Launcher, que busca el instalador adecuado, reúne las actualizaciones y abre las aplicaciones. Cada una puede instalarse por separado. Nadie necesita adoptar el edificio entero para entrar en una habitación.
Un estudio de IA y una familia de editores
Conviene distinguir las dos propuestas reunidas bajo ArtCraft. El estudio del mismo nombre sirve para crear imágenes y vídeo con IA: permite componer en dos dimensiones, preparar escenas en tres y elegir modelos de generación. Su idea es dar al creador controles sobre la escena, los personajes y la cámara antes de pedir el resultado.
Las Crafting Apps son los editores. PhotoCraft trabaja con imágenes; FilmCraft apunta al vídeo; WordCraft, DeckCraft y GridCraft se ocupan de documentos, presentaciones y hojas de cálculo. El catálogo se extiende al audio, el dibujo técnico y el diseño de interfaces. PhotoCraft, PdfCraft y FigCraft figuran como alfa temprana; las otras diez, en desarrollo. Es la descripción que publica el propio equipo, no una clasificación nuestra de rendimiento. Catálogo oficial.
PdfCraft ilustra bien la utilidad que persigue la familia: reunir documentos, extraer páginas, reorganizarlas y dividir archivos desde una aplicación local. Son operaciones poco espectaculares, pero un usuario puede necesitarlas mucho más que una función estrella. Esa es la escala a la que merece examinarse la alternativa: el trabajo que uno hace, con los archivos que realmente tiene.
PhotoCraft se juega la comparación al guardar
La página de PhotoCraft muestra La gran ola de Hokusai abierta en un editor con capas de texto y un ajuste de curvas. Los paneles y atajos familiares forman parte explícita de su propuesta. También anuncia capas, máscaras, pinceles y apertura y guardado de documentos PSD y PSB, formatos de Photoshop.
Ese último punto pesa más que el parecido de la pantalla. Para cambiar de editor, importa que una pieza conserve sus capas y pueda seguir trabajándose después. Un cartel que se ve bien al abrirlo pero deja de ser editable al guardarlo no ha terminado el viaje.
El repositorio de PhotoCraft pone una frontera clara: todavía no reemplaza a Photoshop para el trabajo profesional diario. Identifica carencias en funciones generativas, herramientas, tipografía, flujos profesionales y complementos. También explica que conectar todos los elementos de un menú a comandos no demuestra que se comporten igual que los del original.
SmartAGI revisó la documentación, sin instalar ni probar estas aplicaciones. Para quien quiera evaluar PhotoCraft, la prueba útil empieza con una copia de un documento: abrirlo, cambiar texto y máscaras, guardarlo y volver a abrirlo en el programa de origen. El resultado dirá bastante más sobre su encaje en ese trabajo que una captura convincente.
Una puerta de entrada para los agentes
Hay una decisión menos vistosa que los iconos y más interesante para la IA. PhotoCraft documenta un motor compartido por la interfaz, la línea de comandos y un servidor MCP, una vía para que agentes utilicen sus herramientas. Su documentación incluye la aplicación de una lista de acciones a una carpeta de imágenes. Arquitectura y automatización.
FigCraft, destinado al diseño de interfaces, anuncia una estructura semejante. La propuesta permite pensar en un reparto del trabajo: una persona compone y revisa; un agente ejecuta operaciones repetibles sobre el documento. Tener una orden identificable para cada acción ofrece una vía de automatización distinta de perseguir botones por la pantalla.
El interés de ArtCraft para la IA está también ahí. Un editor abierto y controlable puede convertirse en una herramienta que otros programas utilicen, además de una aplicación que una persona maneje. Eso da al proyecto una ambición mayor que ahorrar una licencia.
La generación tiene su propia factura
La gratuidad de los editores convive con un negocio de cómputo. El estudio ArtCraft ofrece suscripciones y paquetes de créditos para generar contenido; también declara que puede utilizarse sin suscripción propia, con cómputo o suscripciones de terceros. Planes de ArtCraft.
El 18 de octubre de 2026, la promoción anual mostraba Basic por 96 dólares estadounidenses, Pro por 336 y Max por 576, cobrados por año. Los importes destacados de 8, 28 y 48 dólares al mes eran sus equivalentes mensuales. Son precios de esos planes, no una cuota obligatoria para utilizar los trece editores.
ArtCraft merece seguimiento por esa combinación de ambiciones: conservar herramientas locales abiertas y ofrecer generación como servicio. Para el lector, la decisión puede ser mucho más pequeña. Elegir una tarea, comprobar que el archivo sale bien y decidir entonces si todavía necesita pagar por hacerla. La primera suscripción prescindible sería un resultado más tangible que proclamar el final de todas.
