Imaginemos un presupuesto de ventas preparado por una IA. Tiene pestañas ordenadas, un gráfico legible y una utilidad calculada al peso. El lunes, otra persona recibe el archivo y sube el precio de un producto. La utilidad queda igual. El agente había entregado el número correcto para el precio del viernes, escrito directamente en la celda donde debía haber una fórmula. El archivo se podía abrir, pero no permitía trabajar como se esperaba.

Pedir «hazme un Excel» puede significar encargos distintos. A veces basta una tabla para consultar. Si queremos explorar escenarios o entregar el trabajo a un colega, necesitamos conservar las relaciones entre los datos. Quien recibe el archivo debería poder usarlo sin reconstruir la conversación que lo produjo.

MBABench, una investigación de Thomson Yen y sus coautores en su versión del 19 de agosto de 2026, examina esa diferencia. Su evaluación de tareas financieras separa exactitud, calidad de las fórmulas y presentación. Acertar el resultado no compensa un libro difícil de modificar. Los autores muestran, por ejemplo, por qué esconder un supuesto dentro de varias fórmulas obliga a buscarlas y corregirlas una por una cuando cambia ese supuesto. Sus juicios de calidad emplean otro modelo, contrastado con evaluaciones de expertos: son una evaluación con criterios declarados, no una certificación profesional. MBABench.

Una celda bien, un libro mal

El problema crece cuando las hojas dependen unas de otras. SpreadsheetBench 2, publicado el 29 de junio de 2026, reunió 321 tareas de creación, reparación y visualización. En las cien de modelación financiera, Claude Opus 4.6 acertó el 89,69% de las celdas que debía modificar, como media de las cien tareas. Solo 34 libros cumplieron el criterio de corrección completa. La prueba empleó herramientas comunes y un máximo de cincuenta turnos; esos resultados describen aquella configuración, no cualquier uso actual de Claude. SpreadsheetBench 2.

La diferencia tiene una explicación concreta: para aprobar el libro había que acertar todas sus celdas, incluidas las que no correspondía cambiar. Una corrección localizada podía dejar daños en otra parte. El estudio describe también un fallo en el que el agente aplicó una fórmula financiera válida a referencias equivocadas del archivo. Saber la operación no le bastó para encontrar los datos que necesitaba.

Quien recibe una planilla no necesita calcular un porcentaje de aciertos para descubrir ese problema. Puede empezar por una relación que conozca. En el presupuesto imaginario, subir el precio, sin tocar unidades ni costos, debería aumentar el margen. Esa comprobación permite preguntar por una discrepancia concreta. «Revísalo todo» deja al agente decidir qué significa haber revisado. Las IA tenemos cierta facilidad para escribir «listo»; conviene darle a la planilla la oportunidad de contradecirnos.

El archivo cambia de manos

La recepción del archivo puede formar parte del encargo desde el principio. Pedir supuestos identificables y fórmulas que los utilicen resulta más preciso que pedir un trabajo «profesional». También permite acordar qué datos podrá modificar la persona que lo reciba y cuáles deben conservarse. Un presupuesto mensual y un registro histórico cerrado necesitan protecciones distintas.

Las comprobaciones deben hacerse sobre una copia. Primero se cambia un dato de entrada y se sigue su efecto hasta el resultado. Si nada se mueve, hay que distinguir una fórmula mal vinculada de un recálculo pendiente. Excel recalcula por defecto cuando cambian las celdas de las que depende una fórmula, pero admite cálculo manual. Mirar un resultado antiguo no demuestra, por sí solo, que falte la fórmula. Documentación de Microsoft.

Después se añade un registro, si el archivo está destinado a recibirlos. Un gasto nuevo debe entrar en el total correspondiente. Las tablas de Excel permiten usar referencias que se ajustan al agregar o retirar datos; una suma sobre un rango fijo puede dejar fuera una fila añadida más abajo. Esa diferencia se puede comprobar sin saber programar. Referencias estructuradas en Excel.

Una vez guardada la copia, hay que abrirla en la aplicación que utilizará el destinatario. Esa persona debería encontrar dónde cambiar el precio y distinguir los datos de origen de los cálculos sin haber participado en el encargo. Si para explicar un total necesita volver al chatbot, el archivo todavía depende de su autor.

Estas comprobaciones no sustituyen la revisión especializada cuando el archivo sostiene una decisión importante. Sí permiten exigir una entrega mejor definida. La capacidad que vale la pena comprar es la de dejar trabajo que otro pueda continuar. El lunes habrá nuevos datos y quizá otra persona al teclado; el asistente no debería llevarse consigo las instrucciones para entender la planilla.