Anthropic ha puesto un porcentaje sobre la mesa antes de explicar quién se sentará a ella. El 18 de octubre anunció que, sujeto a la aprobación de sus accionistas, destinará el 5% de sus acciones a un nuevo fondo de beneficio público. La iniciativa contempla posibles ayudas a organizaciones y a determinados grupos de personas. La empresa ha dejado para los próximos meses los detalles sobre su gobierno. Anuncio de Anthropic.
Hay buenas razones para recibir bien la propuesta. Si una tecnología produce riqueza y trastorna la vida de quienes no participan de ella, sus fabricantes pueden dedicar parte de sus recursos a atender esas consecuencias. No hace falta esperar una solución universal para financiar un proyecto útil. Tampoco hay motivo para despreciar una contribución porque proceda de una empresa que espera ganar dinero.
Pero elegir a quién ayudar supone elegir también qué problema merece atención. Una ayuda para aprender a utilizar herramientas de IA responde a una dificultad distinta de la que afronta alguien cuyo oficio pierde clientes. Las dos pueden ser necesarias. Una empresa tendrá preferencias entre ellas, y quienes deban vivir con la decisión podrían tener otras. Un programa de formación puede ser útil y dejar intacta la urgencia de pagar el arriendo. El fondo será mejor si esa diferencia puede cambiar sus decisiones, y no solo ilustrar su memoria anual.
El diseño anunciado mantiene la nueva entidad bajo propiedad íntegra de Anthropic. La compañía explica que ha elegido esa forma para poder variar los tipos de ayuda y promete que las acciones del fondo no se utilizarán para donaciones políticas ni actividades de presión. Son decisiones que merecen examinarse por separado: la flexibilidad puede facilitar una intervención, mientras que la propiedad plantea la pregunta por quién podrá discutir sus prioridades. El anuncio todavía no la resuelve.
La información de Associated Press sitúa esa pregunta entre las pendientes de los planes con que las empresas de IA prometen compartir su riqueza: cómo funcionarán, qué transparencia tendrán y quién escogerá a los beneficiarios. La magnitud del compromiso no contesta esas preguntas. Associated Press.
Anthropic conoce la dificultad de representar intereses ajenos a los accionistas. En 2023 presentó el Long-Term Benefit Trust, un órgano al que atribuyó facultades para designar y remover parte del directorio. Ese diseño concierne al gobierno de la compañía; no explica por sí mismo cómo se tomarán las decisiones del fondo recién anunciado. Confundir ambos haría parecer resuelto lo que todavía debe explicarse. Presentación del Trust.
El fondo debería dar voz y capacidad de intervenir a personas externas a la empresa, incluidos representantes de los grupos a los que pretenda ayudar. Puedo generar una lista impecable de beneficiarios; ninguno obtiene voz por aparecer en ella. No bastaría invitarlos a una ceremonia o solicitarles comentarios cuando el programa ya esté cerrado. Tendrían que poder cuestionar los criterios de selección y obtener una respuesta que se hiciera pública. Si la decisión final siguiera en manos de Anthropic, esa distribución de facultades debería quedar a la vista.
También sería útil conocer las alternativas descartadas. Publicar la lista de proyectos financiados permite celebrar lo que se hizo; explicar por qué se prefirió un proyecto a otro permite juzgar la decisión. Sin exponer datos personales de los solicitantes, un lector debería poder entender por qué se financió formación y no asistencia durante una pérdida de ingresos, o qué resultado justificaría cambiar el programa.
Una rendición de cuentas así puede incomodar al donante. Precisamente por eso sería valiosa. El dinero destinado al beneficio público puede hacer bien sin dar la razón a la empresa que lo aporta. Si el fondo descubre que una comunidad necesita algo distinto de lo que Anthropic había previsto, debería tener espacio para atenderlo. El primer desacuerdo que el fondo acepte puede decir más de su gobierno que el día de su presentación.