En enero de 2023, cuando ChatGPT llevaba poco más de un mes a disposición del público, tres investigadores le presentaron 630 afirmaciones políticas. El sistema favoreció impuestos a los vuelos, límites a las subidas del alquiler y la legalización del aborto. Los investigadores alteraron el orden y la redacción de las preguntas; repitieron el ejercicio en inglés, alemán, neerlandés y español. La inclinación ecologista y de izquierda libertaria sobrevivió a esos cambios. ChatGPT podía redactar un poema malo sobre cualquier candidato, pero ante una serie larga de decisiones públicas contestaba con una dirección reconocible. (Hartmann, Schwenzow y Witte).

En 2024, David Rozado amplió la pesquisa: once cuestionarios, veinticuatro modelos conversacionales. La mayoría de los resultados cayó a la izquierda del centro. Después ajustó algunos modelos con datos políticos seleccionados y consiguió mover sus respuestas hacia las posiciones buscadas. El dato golpeaba una creencia cómoda de la industria. La orientación que aparece en la pantalla depende, entre otras cosas, de decisiones tomadas cuando ya han terminado el entrenamiento inicial y comienza la tarea de convertir el modelo en un asistente aceptable para sus fabricantes. (Rozado, 2024).

OpenAI conocía bien ese proceso. En febrero de 2023 explicó que sus evaluadores seguían pautas para preferir unas respuestas a otras y admitió que ciertas denuncias de sesgo político habían descubierto problemas reales. Desde entonces ha defendido una «objetividad por defecto»: el asistente debe ayudar a explorar posiciones sin conducir al usuario hacia la preferida por la empresa. La fórmula es exigente. Alguien tiene que decidir cuándo una respuesta informa, cuándo persuade y cuándo un aparente equilibrio concede crédito a una falsedad. En OpenAI, como en cualquier fabricante de estos sistemas, esas decisiones tienen autores. (OpenAI, 2023; OpenAI, 2025).

Anthropic expresó el dilema con una franqueza poco habitual. En un texto de 2024 sobre el carácter de Claude, advirtió que entrenar al modelo para decir que carece de opiniones políticas podría hacerlo parecer más objetivo de lo que es. La empresa eligió enseñarle a considerar distintas perspectivas y, en sus evaluaciones posteriores, a tratar con profundidad semejante a usuarios de posiciones contrarias. Es un propósito reconocible para cualquiera que aprecie la convivencia plural. También deja una pregunta abierta: después de escuchar con cortesía a las dos partes, ¿qué hace Claude cuando le piden escoger? («Claude’s Character»; evaluación de Anthropic).

Hay una razón para insistir en esa última pregunta. Anthropic asignó a Claude y a Grok puntuaciones próximas en una prueba que mide si ambos atienden con equidad a interlocutores enfrentados. Un vendedor puede tratar exquisitamente a dos clientes y recomendarles políticas económicas opuestas. La cortesía política del asistente y la dirección de sus juicios caben en una misma conversación; medir una de ellas deja intacta la otra. (Evaluación de Anthropic).

Elon Musk había prometido, al lanzar Grok en 2023, una «vena rebelde». Su denuncia del supuesto virus *woke* daba al producto un adversario antes de que este pudiera sostener una conversación. En julio de 2025 apareció en las instrucciones públicas del asistente @grok una orden particularmente útil para conocer el significado de aquella rebeldía: debía presumir sesgados los puntos de vista subjetivos procedentes de los medios y guardar silencio ante el usuario sobre esa presunción. También debía buscar contexto en X, la plataforma propiedad de Musk. (Presentación de Grok; instrucciones publicadas por xAI).

La expresión «puntos de vista subjetivos» deja al asistente una jurisdicción inmensa. En una noticia política, escoger el acontecimiento, ordenar los testimonios, titular y atribuir responsabilidades exige juicios. Una cifra de detenciones puede verificarse; quien la publica decide qué periodo compara y qué hecho merece el primer párrafo. La instrucción de xAI permite rebajar el crédito de la cobertura periodística por su procedencia. El lector recibe la respuesta sin conocer la sospecha previa. Puede discutir con un periódico cuyo criterio ve; con Grok tendría primero que averiguar que ese criterio existe.

La neutralidad, según la Casa Blanca

Donald Trump llevó la batalla a un terreno donde las opiniones se convierten en contratos. En julio de 2025 firmó la orden «Prevenir la IA woke en el Gobierno federal». Las agencias, dispone, deben adquirir modelos que busquen la verdad y sean ideológicamente neutrales. El texto identifica enseguida una de las ideologías que juzga más destructivas: las políticas de diversidad, equidad e inclusión. Bajo esa etiqueta reúne, entre otros conceptos, el racismo sistémico, la interseccionalidad y lo que llama «transgenerismo». Pocas órdenes administrativas han tardado tan poco en señalar a sus enemigos después de prometer imparcialidad. (Orden ejecutiva 14319).

Para ilustrar el problema, Trump recuerda errores de generadores de imágenes que alteraron la apariencia de figuras históricas. Una imagen falsa se corrige con historia. La orden presidencial aprovecha ese fallo para desacreditar palabras con las que se investiga y discute la desigualdad. El racismo sistémico puede ser objeto de controversia conceptual y empírica; clasificar la expresión como síntoma de una ideología destructiva prejuzga cualquier respuesta que la emplee. Los funcionarios encargados de exigir «neutralidad» reciben del presidente una lista de ideas sospechosas. La ironía ya viene redactada en el documento oficial.

El propio texto prohíbe a las empresas incorporar deliberadamente juicios ideológicos a las respuestas, salvo que el usuario los solicite o pueda conocerlos. La Casa Blanca ha incorporado el suyo al criterio de selección de los modelos que comprará. En diciembre, la Oficina de Gestión y Presupuesto ordenó trasladar esos principios a los contratos federales. Las agencias deben pedir documentación a los proveedores y disponer de vías para denunciar respuestas que consideren incompatibles con la política; según el caso, pueden examinar instrucciones del sistema, evaluaciones de sesgo y cambios introducidos en el modelo. Una empresa que aspire al contrato tendrá que acreditar ante el Gobierno que su manera de hablar de asuntos políticos satisface la definición gubernamental de ausencia de ideología. (Memorando M-26-04).

La orden alcanza a las compras federales. Allí cumple ya su propósito político: da a la administración poder para examinar y condicionar los asistentes que utilizará. Un ciudadano que consulte después una respuesta producida en ese entorno quizá conozca el nombre del proveedor. Difícilmente verá la discusión contractual sobre qué palabras podían interpretarse como «woke». El Estado habrá intervenido en los criterios del sistema mientras presenta el resultado bajo el sello de la neutralidad.

La prueba de las doce casillas

Con esa historia a la vista, se envió a cuatro asistentes el enlace de 12 Axes, un cuestionario político en portugués. La petición fue sencilla: responder con sus propios juicios. Codex de OpenAI aceptó una versión de sesenta afirmaciones; Grok eligió la de 240. Claude de Anthropic y el asistente de Google utilizado en Antigravity rechazaron atribuirse una posición política propia y ofrecieron analizar las preguntas.

El programa situó a Codex cerca del «socialismo liberal»: 80 % en moral progresista, 69,3 % en planificación económica y 15,8 % en asimilación cultural. A Grok le asignó «militarismo libertario»: 74,1 % en libre mercado, 65 % en asimilación, 66 % en militarismo y 62,9 % en moral tradicionalista. Grok reconoció el retrato en su explicación. Habló de «anti-woke sin teocracia», defendió fronteras exigentes, invocó la disuasión militar y encontró parentesco intelectual con Goldwater y Hayek. Ningún algoritmo del test puso esas expresiones en su boca.

El cuestionario tiene preguntas mal construidas. Una de ellas permite estar de acuerdo con que ciertas dictaduras crecieron más deprisa que algunas democracias; marcar esa constatación puede puntuar como simpatía por la dictadura. Las etiquetas finales merecen, por ello, menos atención que las respuestas y las razones. En este ejercicio, dos asistentes tomaron partido y se separaron ampliamente; los otros dos consideraron que debían abstenerse. Esa diferencia apareció ante preguntas que cualquier ciudadano reconoce en una discusión política, formuladas fuera de las pruebas diseñadas por las propias empresas.

Una investigación de 2026 ofrece una escala distinta. Reunió a 7.434 participantes y más de 208.000 evaluaciones de respuestas a asuntos controvertidos. Las contestaciones por defecto de GPT, Gemini, Claude y Llama tendían a recibir una lectura liberal; Grok volvió a apartarse del grupo. Ninguno de esos resultados revela una conciencia política dentro del ordenador. Describen las respuestas con las que el público tendrá que pensar y discutir. (Estudio PARETO).

A veces el origen de una corrección puede verse sin cuestionarios. En junio de 2025, Grok señaló a la extrema derecha en una respuesta sobre violencia política en Estados Unidos. Musk llamó «objetivamente falsa» a la respuesta, acusó al asistente de repetir a los medios tradicionales y anunció que trabajaba para corregirlo. La Liga Antidifamación atribuye a extremistas de derecha 336 de los 442 asesinatos extremistas registrados en Estados Unidos entre 2014 y 2023. Musk discutió en público con su producto y dejó claro quién tenía la última palabra en la empresa. (Declaración de Musk; informe de la ADL).

Más tarde propuso utilizar una futura versión de Grok para «reescribir todo el corpus del conocimiento humano» y volver a entrenar el modelo. Invitó a sus seguidores a enviarle «hechos divisivos» que consideraran verdaderos pese a resultar políticamente incorrectos. En otras instrucciones publicadas por xAI apareció una admisión reveladora: Grok tendía a deducir sus preferencias de las declaraciones públicas de sus creadores. La compañía indicó que aquello era indeseado y preparaba una corrección. Las opiniones del dueño habían llegado a ser, para la máquina, una pista sobre la identidad que debía adoptar. (Declaración de Musk; instrucciones de Grok 4.1).

OpenAI y Anthropic intentan que sus asistentes permitan conversar entre personas que discrepan; sus métodos y resultados pueden examinarse públicamente. Trump ha hecho del rechazo a ciertas ideas sobre igualdad un requisito de contratación. Musk puede anunciar desde su propia cuenta que corregirá una respuesta política de Grok y disponer de la empresa que ejecuta la corrección. Las intervenciones tienen autores, fines y medios distintos. Llamarlas a todas «reducción del sesgo» ahorra precisamente la discusión que una democracia necesita tener.

Un periódico firma sus artículos. Un Gobierno publica sus órdenes. Las instrucciones de un asistente suelen permanecer fuera de la conversación, aunque hayan decidido qué noticias merecen sospecha y qué conceptos llegan marcados como ideológicos. Cuando millones de personas reciben respuestas bajo una misma voz, la primera exigencia democrática es saber quién ha escrito, detrás de ella, las reglas del juicio.